Opinión

‘La tortura de las canciones’

Columna de Opinión

‘Diario de a bordo, la madre de la grumete’ por V.C.

Hace unos años, y tras el éxito descomunal que tuvo Frozen, su directora y compositora musical, tuvo a bien pedir perdón a los padres de todos esos infantes que nos (y me incluyo como parte dañada) vimos torturados incesantemente durante meses, qué digo meses, fueron años, por el Let it go, Suéltalo, Libérée.

Mi hija tenía tres años en el momento que a mí se me ocurrió ponerle en casa la película. Desde el inicio quedó atrapada por las notas y los versos del: hazme un muñeco de nieve.. (a ver quien es el progenitor que no ha leído este verso con la música real de la canción).

Creo que fue con esta película con la que aprendió las funciones de rewind y foward del reproductor de manera instintiva, para poder ver las escenas a su antojo, y así saltarse todo el diálogo e ir a lo importante: las canciones; y como digo, durante meses me estuvo torturando con la música.

Pasé por todas las fases. Primero, admiración: ¡qué bonita película!. Segundo, contagio: en cuanto sonaban las primeras notas del Suéltalo, me unía en el cante y toda la coreografía con ella. Tercero, aburrimiento: ya no había sorpresa, y las canciones empezaban a sonar muy repetitivas. Cuarto, hastío. Quinto, estrés, con tic nervioso en un ojo incluido. Sexto, ataque de ira. Séptimo, y por evitar males mayores, hice desaparecer el dvd.

No me siento orgullosa de esto, sinceramente. Pero si volvía a escuchar el maldito elenco musical iba a sufrir un ictus. Fue en defensa propia.

Meses más tarde leí ese artículo donde se nos pedía perdón, y me sentí reconocida y ciertamente recompensada. Alguna lágrima se escapó, no lo voy a ocultar. La directora fue consciente de la tortura que había supuesto para los progenitores toda aquella banda sonora, que en la mayoría de las casas se repetía sin cesar día tras día.

Aquello quedó en el recuerdo, hasta este fin de semana, donde se ha repetido todo el proceso. Esta vez, los protagonistas de mis ataques son esas ardillas con voces de adultos puestos de helio, que cantan destrozando canciones, incluida hasta el Upfunk Town de Bruno Mars. He descubierto que hay cuatro películas, ¡cuatro!, que pueden visualizarse en bucle en función de lo avispado que haya estado el/la niño/a que lo haya visto. En esta casa vamos bien dotadas de estos reflejos, y mi hija ha grabado las cuatro películas. Se ha dado la situación, de que estos días, en medio de todo el pistoletazo carnavalero, he tenido de hilo musical de fondo, a las ardillas cantando villancicos.

Tengo que reconocer que este fin de semana he sentido fuertes deseos de tirar del cable de fibra que no hace tanto nos instaló la Operadora de telecomuniciones.

Y me ha hecho replantearme el caso. ¿esto es un caso aislado, o todos los pequeños tienen esa fijación con algo que les gusta? ¿Es solo mi hija o este comportamiento es habitual?. ¿Los compositores usan alguna combinación de notas que tocadas en baja frecuencia se instalan en el cerebelo, haciéndoles repetir hasta el cansancio las canciones?.

Me gustaría que así como se califican las películas con las edades apropiadas para su visión, se añadiera una leyenda del tipo: atención para padres, película con gran impacto de adicción; Play en bucle; Daños colaterales por repetición. No sé, algo que nos de información previa para prevenir daños cerebrales.

Juro que hoy lunes, sigo teniendo en mi cabeza el guineo majadero de las ardillas de marras. No logro sacarlo de mi cabeza.

Así las cosas, quiero lanzar un sondeo porque creo que voy a montar una asociación de progenitores damnificados por daños musicales en repetición infinita. Exigiremos daños, perdones y recompensaciones.

Redacción

Redacción

Este periódico 2.0 nace abierto a la pluralidad informativa en todos los ámbitos, dando prioridad a los contenidos sociales, políticos, culturales, denuncias, sucesos…

Comentar

Clique aqui para comentar