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‘La Odisea, La Ilíada y la factura en el Cabildo’

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La Odisea, La Ilíada y la factura en el Cabildo, Por Sun Tzu

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OPINIÓN

Sun Tzu dice: “Si se castiga a las tropas antes de haber asegurado su lealtad, serán obedientes. Si no obedecen, será difícil emplearlas. Si las tropas son leales, pero no se usan los castigos, no las puedes emplear.”

No se sabe a ciencia cierta cuánto tardó Homero en terminar sus obras más conocidas. Tampoco se sabe si fue él quien las escribió. Pero sí podemos afirmar que son dos Epopeyas consideradas obras maestras. Yo calculo que tardaría en crearlas, más o menos, como cobrar una factura en el Cabildo. De diez meses a un año.

Quien presenta una factura al cobro en el Cabildo, también en cualquier ayuntamiento, debe luchar contra seres mitológicos como los antiguos héroes griegos lucharon para poder regresar a casa.
Jasón, Hércules, Ulises, Aquiles, Ajax, Los Mirmidones, Los Argonautas, no las pasaron más canutas que un autónomo o empresario majorero al luchar contra la burocracia, Hidra de Lerna con siete cabezas que acecha en el inframundo al entrar por la puerta esquinada de la institución insular sita en la calle Primero de Mayo.

En ese lugar te encontrarás, al entregar una factura en papel o electrónica, a las Mantícoras (Técnicos de Intervención), criaturas mitológicas quimeras con cabeza humana, cuernos, el cuerpo rojo de león, y la cola de un dragón o escorpión​, capaz de disparar espinas venenosas para incapacitar o matar a sus presas. La Mantícora te revisa la factura y al mínimo error que cometas, te la devuelve para que comience de nuevo el proceso.

Si consigues pasar la primera puerta, como en el programa del chino Cudeiro, te esperan los temibles Minotauros (Técnicos de departamento), seres con cuerpo de hombre y cabeza de toro que conocen al dedillo el laberinto donde perder las facturas, que pueden “olvidarse” u ocultarse bajo cientos de facturas más, dejadas de lado mientras no se las pidan u olvidadas por haberse cogido unas bajas médicas. Es muy cansado correr detrás de Teseo.

Siguiente paso, siguiente ser, el Basilisco (Consejero/a), horribles reptiles muy temidos por su poder de petrificación pero que, sin embargo, temen hasta defecarse vivos a los Minotauros, que se elevan a la categoría de semidioses y que pueden acabar hasta con el dios principal Zeus (Presidente), bloqueando hasta la parálisis la institución, sin poder ni comprar lo más básico, folios o papel higiénico. Que le pregunten a Marcial Morales.

El Basilisco puede tener la factura bailando mágicamente en su poder hasta que entre reunión y reunión tiene tiempo de darse una vuelta por su despacho, cualquier día de un mes, para un trabajo de riesgo y fatiga indudable, mover el dedo en el ratón del ordenador para firmar la conformidad del gasto. Admirable trabajo poco reconocido.

Siguiente capítulo, la factura pasa de nuevo a los Minotauros que, después de volver a “perder” la factura durante mucho tiempo, se la pasan al famoso y siempre esperado Plinio El Viejo (Interventor), el mismo que describió en sus escritos unas islas alejadas de Roma llamadas Afortunadas, descubridor jefe de las Mantícoras y que después de tomarse su tiempo, no vaya a ser que alguien de los mitológicos la haya cagado, perdón, haya errado, finalmente da la maravillosa Orden de Pago. Palabras mágicas (orden de pago) que alegran el corazón y la vida de cientos de personas en esta isla, que dependen de que el ingreso llegue para poder comer, para poder vivir, para poder soñar, para poder pagar a sus empleados que desesperan. Los autónomos y pequeños empresarios son los que no pueden dormir por las noches, Señor Sánchez.

En el epílogo de esta epopeya hay que reconocer que los Basiliscos eran otros hace medio año y que no todos los personajes son animales sin compasión, no todos los departamentos ralentizan hasta el aburrimiento el pago de facturas. Si tienes la suerte de caer en Deportes, Artesanía o Comercio, te atenderán con plazos lógicos, los que marca la ley. Si por el contrario te toca Nuevas Tecnologías (por Zeus bendito) o Empleo, la indignación te hace evocar las Guerras Púnicas, Médicas y que arda Troya, hasta que las banderas de la fachada sean cenizas.

Zeus, dios omnipotente, escucha las súplicas de tu pueblo y encárgate de que se cumpla la ley de los dioses. No dejes de castigar a los indolentes, a los vagos, a los semidioses. Termina de una vez con el padecimiento de tus hijos que tienen puestas alguna esperanza en la nueva corporación. O sentirás en tus carnes el dolor de las palabras, el desprecio de los que, con tal de dar de comer a sus hijos, combatirán como griegos libres para no dejar pasar por su patria a los tiranos.

Esta escrita a fuego la fecha del treinta de noviembre del año de nuestro señor dos mil diecinueve ya que Zeus ha ordenado a Plinio que sean abonadas inmediatamente las facturas “perdidas”. Sabemos la respuesta del interventor, “Zeus es griego y yo soy romano, a mi plin” en homenaje a su nombre.

Redacción

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